Nixon Sucuc
5 de julio de 2024 · Uncategorized

Si yo fuera un signo de puntuación, definitivamente sería un signo de interrogación

Artículo originalmente publicado en el blog de Pluma Joven de la Universidad Francisco Marroquín en 2020 y sobre el que escribí en Un reto de escritura en este blog.

Un signo de interrogación se usa para un tipo muy específico de oraciones: oraciones interrogativas. Preguntas. Desde nuestra primera etapa, todos los seres humanos estamos, constantemente,  haciéndonos muchas preguntas. Pero, ¿qué son las preguntas?, ¿por qué hacemos preguntas?, y, ¿qué obtenemos formulándolas?

Nosotros venimos sin ningún tipo de conocimiento al mundo. Aunque recibimos señales sensoriales desde que estamos dentro del vientre de nuestras madres, solo empezamos a tener percepciones conscientes hasta que  somos bebés de unos cuantos meses de edad. Pero para mantenernos con vida, necesitamos percibir el mundo y comprenderlo. Necesitamos conocer nuestro alrededor para no caernos, para saber hacia dónde dirigirnos, para aprender los colores de las cosas, para aprender de dónde y de qué provienen los sonidos que escuchamos, los olores que percibimos, las texturas y los sabores que sentimos. Así que lo que es natural para nosotros es convertirnos en exploradores del universo. Porque no solo es que necesitemos conocer el mundo exterior para dirigirnos por él, sino que  también necesitamos conocer a ese ser que va moviéndose por ese mundo: nosotros mismos. Necesitamos darnos cuenta de nuestras extremidades y nuestros sentidos para utilizarlos y protegerlos.

Nos hacemos preguntas. Preguntar es la herramienta fundamental que tenemos como exploradores de nuestro universo desde el inicio. Porque, sí, los bebés también las hacen, aunque sus preguntas son implícitas e inarticuladas. Ellos enfocan su mente hacia un aspecto de la realidad y absorben toda la información que pueden. Ese es el proceso equivalente al adulto que formula una pregunta  y pone atención a la respuesta, de donde sea que venga.

Las preguntas son el inicio de nuestro descubrimiento del mundo interno y externo.

Pero llega una etapa en la que estamos listos para expandir nuestro rango de consciencia de la realidad. Cuando ya  nuestra mente está preparada para indagar más profundamente en la naturaleza y las causas de las cosas que observamos. Es entonces cuando las letras cobran sentido y podemos empezar a leer y a escribir. Y así, poco a poco, adquirimos acceso a esos mundos encapsulados en papel, que son los libros. Y de esa forma se nos abre la puerta a un sinfín de nuevas fronteras por explorar. Y aprendemos que cada vez que nos encontramos ante esa línea vertical curvada en un extremo y con un punto en el otro, estamos frente a una pregunta. Y una pregunta es el salto inicial que damos en el camino hacia alcanzar nuevos aprendizajes y logros.

Textos poderosos hacen uso de signos de interrogación para plantear las preguntas que van a mantener al lector leyendo y relacionando el contenido de lo que leen con esas interrogantes, hasta obtener al final algo nuevo aprendido. Las preguntas nos conectan con el mundo. Y lo podemos ver en los libros sobre la historia de la ciencia y la tecnología, cómo los más célebres eran quienes se hacían las preguntas más grandes.

Las preguntas activan nuestra mente a la percepción del mundo para aprender y descubrir, como Newton en sus tratados, cuando se preguntó por qué cayó esa manzana que vio. También activan nuestra mente para nuestra acción dentro del mundo al preguntarnos, ¿cómo podemos resolver los problemas a los que nos enfrentamos? y ¿cómo podemos mejorar lo que ya hacemos? Como Da Vinci en sus diarios al preguntarse cómo podía construir un puente que durara o un aparato que volara.

Además de todo esto, las preguntas también nos conectan con las personas. ¿Cuál es la mejor forma de iniciar una conversación con una persona y conocerla mejor? Haciéndole preguntas. Y en cada pieza que escribimos o que leemos, el signo de interrogación es la marca de que una pregunta está siendo planteada.

Por estas razones, el signo de puntuación que yo querría ser, sería el signo de interrogación. Siendo un signo de interrogación, yo acompañaría por el resto de mi existencia los aprendizajes, descubrimientos e invenciones de aquellos que se atrevan a plantearse y escribir una pregunta.

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