El progreso es aprendizaje, y tiene un origen del que frecuentemente nos olvidamos — #Reflexión

Hoy, a partir de un intercambio de mensajes con una amiga, hice unas conexiones que antes no tenía explícitas y que me me llevaron a una fascinante reflexión. Aquí voy a hablar de una de ellas, sobre el progreso como aprendizaje y su origen, del que frecuentemente nos olvidamos; o ni siquiera hemos reconocido. Una aclaración importante

Constantemente a partir de las noticias en Guatemala surgen debates en torno a cuales son las mejores formas de abordar los problemas económicos, ambientales, de educación, y de todo tipo de ámbitos de nuestra vida en sociedad. Frecuentemente el debate se centra en quiénes deberían encargarse de ello; que si la iniciativa privada puede solucionar mejor los problemas, o el gobierno por medio de los funcionarios, u otras veces se mencionan “alianzas público-privadas”.

Por todos lados la gente usa el concepto de “desarrollo” para referirse al proceso de encontrar soluciones a las soluciones con las que nos enfrentamos. Parece que el estándar para juzgar los proyectos del gobierno o el sector privado que ampliamente se acepta es el estándar de “lo que promueve el desarrollo”.

Una forma más específica de referirnos a ese concepto podría ser “progreso”, ya que “desarrollo” siempre puede ser hacia un avance, o un retroceso.

Pero la conexión que hice hoy en mi mente es que el progreso humano es, esencialmente, aprendizaje humano.

Hay progreso a medida que los seres humanos aprendemos a hacer las cosas mejor que lo hacíamos antes. No hay avance si seguimos haciendo las mismas cosas (un principio del que ampliamente se habla), pero no podemos hacer cosas diferentes si no aprendemos a cómo hacerlas, y no sólo a hacerlas diferente, sino hacerlas aun mejor.

Pero quienes aprenden no son las sociedades, las ciudades o los países. Los que aprenden son los individuos. Un colectivo no piensa, porque no hay un cerebro colectivo; de la misma forma que no realizamos digestión colectiva, porque no hay un estómago colectivo (usando la analogía de Rand). Así que un colectivo tampoco aprende. Sólo una persona individual con un cerebro propio piensa, y sólo tal persona aprende.

Po lo tanto, sólo los individuos aprenden y son los agentes de progreso. Pero, evidentemente, tú que estas leyendo esto, no creaste por ti mismo el dispositivo con el que estás leyendo esto. Seguramente no creaste nada de lo que te rodea en este momento. Lo que sí hiciste (o tus papás hicieron) es producir el valor necesario para intercambiar todas las cosas que utilizas con otras personas que sí las crearon. La cooperación es una necesidad absoluta para nuestra vida en sociedad. Pero, de nuevo, una sociedad, una compañía, una fábrica no posee manos colectivas, ni ojos colectivos, ni nada que sea colectivo (en este sentido del término). Toda capacidad de producir y de colaborar pertenece a individuos. Y cuando unimos nuestros esfuerzos para colaborar, lo que podemos aprender se potencia, y lo que podemos progresar se dispara, y eso no se compara con lo que una sola persona podría hacer en aislamiento.

Así que esto es algo importante que tenemos que tomar en cuenta a la hora de discutir sobre las soluciones a los problemas a los que nos enfrentamos en todos los ámbitos de la sociedad. Que todo desarrollo, todo progreso, depende del aprendizaje de los individuos singulares que forman parte de esa agrupación que llamamos “sociedad”.

Y lo que nos corresponde, entonces, después de reconocer este hecho, es preguntarnos, ¿Cómo podemos hacer para que el aprendizaje del que depende el progreso, de hecho se realice? ¿Cómo podemos propiciar ese aprendizaje individual? ¿Cómo lo hacemos en las escuelas, en las compañías, en el entramado regulatorio, en el ambiente institucional, y en la cultura en general?

La calidad de vida de cada guatemalteco y nuestro progreso en todos los ámbitos, al final, encontramos que depende directamente del aprendizaje individual que realiza cada persona usando su propia mente. ¿Cómo podemos respetar y propiciar ese aprendizaje? ¿Cómo reconocemos mejor y respetamos ese motor sagrado de la vida que es la mente humana individual?


Aclaración: Seguramente otros ya han pensado sobre esto mucho más profundamente y en más detalle antes de mí. Así que no alego, desde ninguna perspectiva que estas ideas sean originales mías. No me he puesto a investigar las ideas idénticas que otro hayan pensado, pero la presente reflexión es con el propósito de reforzar mi propio aprendizaje y ejercitar mi pensamiento, al mismo tiempo que compartirlo. Regresar al inicio

#HoyAprendí: La diferencia entre innovación e invención

Muy pocas veces la gente se detiene a pensar sobre la importancia y sobre lo mucho que le debemos a los inventores e innovadores la calidad de vida que disfrutamos. Ellos mueven el progreso en el mundo.

Cuando pensamos en la tecnología y la ciencia que ha cambiado el mundo hasta llegar al progreso sin precedentes que vivimos en el presente, pensamos en quienes innovan e inventan la tecnología que lo hace posible. Pero, ¿qué podemos explorar más profundamente sobre la naturaleza de los innovadores e inventores?

Hoy, viendo la entrevista que le hizo Yaron Brook a Matt Ridley, escuché sobre la perspectiva de Ridley sobre estos dos tipos de personas y cuál es su rol en nuestra sociedad.

Un punto que me llamó especialmente la atención que Matt Ridley hizo fue el de la diferencia entre la innovación e invención y cómo, para apreciar mejor el rol de cada uno, se debe identificar la diferencia entre ambos. Esa diferencia no muy a menudo se hace cuando pensamos sobre esos dos tipos de personas. Usamos esos conceptos intercambiablemente en nuestro vocabulario. Pero de hecho sí hay una diferencia.

Matt Ridley explicaba que de las personas que llegan a cambiar nuestra vida con lo que producen no siempre son necesariamente inventores de algo nuevo. Que ellos a menudo son innovadores que toman algo ya existente y lo perfeccionan. La invención de un nuevo dispositivo o una nueva tecnología no significa necesariamente un gran cambio sino más bien quienes hacen que esas invenciones sean disponibles para todos quienes de verdad hacen el cambio importante. Y a ellos no se les reconoce y aprecia como se debería.

Ridley define la innovación como el tomar una nueva idea y convertirla en algo que en efecto cambia la vida de las personas, de extender su disponibilidad a muchísimas personas. Es el proceso de lentamente convertir una invención en una innovación lo que realmente cambia el mundo según Ridley.

Un ejemplo que Ridley ponía es el de los hermanos Wright a inicios del siglo XX. Ellos fueron los inventores del vuelo. Pero el logro crucial de ellos fue el proceso de perfeccionamiento de su invención. Que fue un proceso gradual, lento y terriblemente largo de prueba y error.

Otro ejemplo que ponía es el de Jeff Bezos y Amazon. Jeff Bezos trabajó en perfeccionar el complejo negocio de la venta al por menor en Internet. Eso le llevó muchísimos años de intentar cosas nuevas y fallar muchas veces.

La importancia de hacer esa distinción según Ridley es que es un error pensar que la invención es el aspecto clave del cambio en el mundo, la innovación es la clave, según él.

Una de las conclusiones con las que Ridley termina es con la conclusión de que actualmente vivimos una hambruna de innovación. Yaron añadía en la conclusión que el progreso depende de la innovación, pero más importante, nuestra vida depende de la innovación.

Una lección muy interesante e importante de hacer para los estudiantes y los admiradores del progreso.

Es una entrevista que recomiendo mucho escuchar completa: https://www.youtube.com/watch?v=xa4AfXvR1Xo

#HoyAprendí: ‘La riqueza intangible de las naciones’

Hoy aprendí sobre un interesante concepto en el panel sobre Comercio y desarrollo económico de Roberto Salinas León y Ron Bailey, parte del último día de la conferencia “Reason in Guatemala”.

“The Intangible Wealth of Nations” (‘La riqueza intengible de las naciones’) es el tema que Bailey, corresponsal de ciencia de Reason Magazine, discutió en la primera parte del panel.

Claramente el concepto evoca la obra de investigación de Adam Smith de “La naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones”; la riqueza material de las naciones. Pero el tema de la ponencia de Bailey en el panes era sobre la riqueza intangible de las naciones. Y el tipo de riqueza intangible de un país que hace posible la riqueza material de ese país.

Según Bailey, los dos principales elementos que conforman esa riqueza intangible son (1) las instituciones y (2) el capital humano. Él habló de la relación entre el estado de derecho que en un país permite que individuos educados y productivos sean capaces de crear riqueza material.

Éste para mí me pareció un término fascinante que nos ayuda a conceptualizar esos elementos que son necesarios de desarrollar y cultivar en una sociedad moderna libre próspera.

Definitivamente voy a seguir investigando sobre ese concepto y sobre el trabajo de Bailey. Y por supuesto, mis preguntas iniciales, para investigar e integrar el conocimiento que ya tengo sobre los temas serían ¿cuál es la naturaleza y las causas del estado de derecho en un país? ¿y cuál es la naturaleza y las causas del tipo de capital humano que es capaz de construir prósperas sociedades industriales modernas?

Esos me parecen temas fascinantes de estudiar. También tengo la impresión de que deben haber conexiones importantes entre esos temas y los “Estudios de progreso” (de lo que ya hablaré más adelante) sobre la naturaleza y causas del progreso humano en toda su historia.

Como nota, encontré éste artículo suyo en Reason del 2005 titulado con la misma formulación que no he leído, como indicación de dónde investigar más.

Con este breve post inauguro la nueva serie «#HoyAprendí» de mi blog en la que escribiré regularmente durante la semana sobre piezas de aprendizaje significativas que me pasen en el día.