Desarrollando material para propuestas de valor

De las personas que más admiro y de quienes recibo más valor en esta etapa de mi vida, por mucho, son los profesores y conferencistas de quienes aprendo.

Nunca había consumido tantas charlas y cursos en internet como los últimos meses. Los temas principales que he consumido son educación, historia y filosofía.

El contenido mismo de educación, y e modelo didáctico y el impacto de los profesores que enseñan la historia y la filosofía en todo lo que he consumido me han inspirado a este siguiente proyecto en mi carrera: desarrollar material para ofrecer en el mercado de educación.

Así que esto es lo que voy a empezar a hacer: empezar a activamente desarrollar el material necesario para enseñar cursos y dar charlas sobre temas de historia, literatura, economía básica y filosofía.

Quiero dar clases literatura y clases de historia a niños, cursos de introducción a la economía y charlas sobre filosofía, literatura e historia a jóvenes, y charlas sobre educación a adultos.

Mi método básico en lo que respecta a los cursos es aprender cómo otros profesores enseñan tales temas. Ya tengo como referencia para eso la escuela de Lisa VanDamme, VanDamme Academy, ahí hay cursos que se pueden comprar algunos cursos. Y quiero empezar a aprender a través de ellos su método específico; el marco de referencia filosófico ya lo estoy aprendiendo, y tengo una fuerte base respecto al contenido. Y en cuanto al curso de introducción a la economía para jóvenes, y atengo una muy buena idea derivado a mi experiencia en la universidad en el MPC. Necesito concretizar un programa de estudios completo, en lo cual ya estoy trabajando.

Y respecto a las charlas, ya estoy aprendiendo muchísimo en el OAC sobre cómo dar presentaciones orales, y lo que me queda es preparar muy bien el material. Ya estoy aprendiendo mucho sobre la presentación del material, tengo bastante desarrollada la habilidad de integrar el conocimiento e identificar su relevancia filosófica conforme a las audiencias y lo que se necesita difundir. Eso en cuanto a la forma, lo que me falta es el contenido que voy a presentar.

Una experiencia que tuve haciendo algo como eso fue el año pasado cuando di una charlas sobre Ayn Rand en un retiro de liderazgo en Estudiantes por la Libertad Guatemala. En la charla pude comunicar por lo menos el mensaje principal que quería comunicar, y la charla tuvo buena aceptación entre la audiencia. Desde entonces quiero enfrentarme a desafíos más ambiciosos y que me ayuden a practicar y mejorar mi habilidad de presentación.

Esto es muy emocionante. En el futuro escribiré actualizaciones sobre mi progreso en esto y los productos que, en efecto, ya pueda empezar a crear.

Mi meta para marzo

En mi artículo sobre el valor de ponerse metas mencioné que mi resolución central para el 2020 es ponerme una meta cada mes.

Mi objetivo es que cada meta que me pongo cada mes sea una meta que deba seguir llevando para el resto del año, y potencialmente para años posteriores. Y así mejorar y enriquecer mi vida y alcance de valores y logros

Mi primera meta, la de enero, fue memorizarme un poema por semana. Meta que estoy cumpliendo cada semana.

Mi segunda, la meta de febrero, fue publicar una entrada de mi blog diaria. Febrero fue mi prueba piloto para esa meta. Viendo el éxito que tuve en esa prueba piloto, para el resto del año escribiré entradas diariamente de lunes a viernes. Aunque siempre escribiré, según quiera, en fines de semana como hoy.

Ahora, mi meta para marzo, será otra que va a ser importante para la cultivación de mi bienestar espiritual.

Para marzo, he decidido empezar mi meta de leer por lo menos 5 horas semanales de literatura que no forme parte de mis cursos en la universidad.

Esa es una meta que me motiva mucho porque la literatura ha jugado un papel crucial en mi crecimiento como ser humano, en mi apreciación de la vida, y en encontrar lo sagrado en la existencia humana.

Ya ha pasado la primera semana de marzo, y efectivamente, ya empecé con esa meta.

Esta semana leí la primera parte de Chantecler de Edmond Rostand.

Una obra teatral en cuatro actos que hasta el momento he disfrutado mucho y me con la que me he reído también. Espero para la próxima semana terminar de leerla y después seguir leyendo una historia corta o cuento por semana.

Ésta es una meta que también me emociona. Ya quiero tomar obras que por mucho tiempo he dejado en cola para leer pero nunca me he dado la oportunidad de leer. Ya es tiempo de avanzar con esa larguísima lista.

Actualización sobre poesía

Una de mis metas para el año es memorizarme un poema por semana; una de las mejores resoluciones de año nuevo que he tomado.

Me deleita reportar que he cumplido sin falta este desafío; yo creo que en estos dos meses he progresado para que eso se convierta en un hábito, mi meta.

Quiero compartir aquí el que memoricé la semana pasada, uno corto que se ha convertido en un favorito mío y que hablará por sí mismo:

*escribiéndolo desde mi memoria*

What a piece of work is a man!
How noble in reason! how infinite in faculty!
In form, in moving, how express and admirable!
In action, how like an angel! in apprehension, how like a god!
The beauty of the world; the paragon of animals!

—William Shakespeare, Hamlet, Act II, Scene II

El tema de ese poema es uno de mis temas favoritos en el arte: la adoración al ser humano. ¿Qué mejor finalidad para el arte que la de ser vehículo para proclamar tan noble tema?


¿Tienes un poema que hable sobre la exaltación del ser humano y la celebración de su lugar en el universo? ¡Compártelo en los comentarios!

Mantenerse alejado de la trampa del deber

Estoy cerca de cumplir mi meta de escribir en mi blog diariamente por un mes completo. Y una de las cosas por las que me siento una sensación de realización con este ejercicio es que he logrado el no caer en la trampa del deber.

Aquí estoy usando el concepto del deber con el significado más popular que ha tenido, que es un significado filosófico. Como lo define Ayn Rand, el “deber” es “la necesidad moral de realizar ciertas acciones sin otro motivo que la obediencia a alguna autoridad superior, sin tener en cuenta ningún objetivo personal, motivación, deseo o interés”.

Ahora, generalmente, y especialmente los jóvenes, cuando tenemos ciertas metas a las que llegar, o cierta cantidad de trabajo que realizar, la mayoría de veces es porque son deberes que de alguna forma nos corresponde cumplir. Frecuentemente es también el caso de que nosotros mismos nos imponemos deberes para ciertas metas que nos proponemos. Incluso cuando son metas que parecen ser buenas para nosotros podemos tomar el enfoque del deber en proponernos metas que alcanzar. Y así nos torturamos; porque no estamos seguros en realidad de la razón precisa por la que nos proponemos hacer algo. Y el resultado de nuestro trabajo no nos satisface más allá del hecho que obedecimos y cumplimos (sin importar los resultados) ese deber de una realidad trascendente.

Cuando me propuse esta meta, consideré la posibilidad de que escribir cada día se iba a tornar en un deber para mí. Creía que eso podía ser posible porque tal vez no iba a tener la motivación suficiente, o no iba a tener un tema sobre el que valiera la pena escribir y escribir cosas que al final no me ayudaran y no me dieran la satisfacción profunda que yo busco en todo lo que hago. Pero justamente en cuanto a eso, mi meta fue poner mi mejor esfuerzo y en tener claridad de mis objetivos para que este ejercicio que empezaba no se tornara en un deber.

Al escribir cada día, durante el proceso de escribir, empezando por identificar un tema sobre el cual escribir nunca sentí que lo estuviera haciendo sólo porque sí. Al ver el resultado e identificar la lección, los takeaways y las preguntas que me surgían de cada post que escribía podía identificar el valor importante que el haber escrito cada post individual me daba.

Hoy podría regresar a cualquier post que hice y fascinarme a mí mismo por los insights que plasmaba en mi cartulina virtual. Y rastrea lo que me llevó a escribirlo, los aprendizajes que derivé del post, las preguntas que me estaba haciendo, las que me surgen ahora de él, y una inmensidad de nuevas vías para desarrollar sobre lo que escribí. Como ejemplo, habiendo recomendado ciertos podcasts, discutir episodios individuales para animar más exploración del podcast. O ir a mis ensayos sobre los sueños y sobre las metas, y discutir los temas más amplios que están involucrados en esos consejos concretos que daba.

Estoy feliz de que cada uno de mis posts ha salido y permanece como un valor egoísta mío como un bloque más en mi crecimiento personal y en mi aprendizaje y estudios.

Esto refuerza mi convicción de que (y esto es algo sobre lo que seguiré escribiendo y recomendando recursos) en vez de la tortura, la dependencia y la docilidad que actuar de acuerdo con el deber inculca en nosotros; los valores y la acción guiada aun propósito son los elementos básicos que conforman nuestra felicidad.

Metas basadas en esos valores y propósito son lo que conforma y potencia nuestro crecimiento.

¡Feliz acción orientada a valores!

Revisando el 2020: que tu meta sea *ponerte metas*

Es mitad de febrero. ¿Cómo vas con tus resoluciones para el 2020?

Esa debe ser una pregunta difícil de responder para algunos, o muchos tal vez. Siendo ya mediados del segundo mes del año ya deberíamos tener una idea de si hemos logrado mantener y avanzar esas resoluciones que nos hicimos al inicio de año o no.

Si tu respuesta a la pregunta te trae más desencanto que alegría por tu progreso hacia esas metas, considera mi sugerencia en este artículo para revisar nuestras resoluciones para resto del año.

Resolución: ponerte metas

Esto puede sonar casi absurdo de reiterar, pues el punto de establecer resoluciones de año nuevo es precisamente establecer metas para lograr en ese año. Pero si lo pensamos, en realidad el tipo de resoluciones que nos solemos proponer es más bien una lista de deseos que esperamos que de alguna forma se materialicen en nosotros. Pero no son metas realmente que sean plausibles y que sean verdaderamente para nuestro crecimiento. A continuación, veremos punto por punto

Escoge metas genuinamente tuyas

Podíamos decir que siempre tenemos metas operando con nuestras acciones y decisiones en la vida. Metas como graduarnos de la universidad, mejorar nuestra relación con familiares, o esas que tenemos como parte de nuestro trabajo. Pero la mayoría de metas que solemos tener son más bien cosas que hacemos basadas en deber o que simplemente hacemos por inercia, porque es lo que se supone que deberíamos hacer a nuestra edad, porque es lo que nuestros padres nos dicen, o porque es lo que todos hacen. Pero siendo deberes, cosas que sólo hacemos “porque sí”, no son en realidad el tipo de metas que nosotros hemos escogido por razones que son auténticamente nuestras, que salieron de nosotros. Y por lo tanto no nos dan el tipo de satisfacción que metas que genuinamente nosotros escogemos para nosotros nos dan. Eso es así especialmente si nuestro deber es terminar la universidad, en una carrera que no es la que en realidad queríamos o que elegimos porque era la menos peor opción; o si nuestro deber es mejorar relaciones familiares, con familiares que no en realidad nos caen bien.

El tipo de metas que realmente necesitamos tener son metas que nosotros escojamos porque genuinamente nos van a traer más felicidad a nosotros. Y que escogemos porque encontramos las razones para ponérnoslas dentro de nosotros. Y que son deberes que aceptamos para complacer a otros, que hacemos porque es lo que se supone que deberíamos estar haciendo porque siempre ha sido así y todos lo hacen así.

Ahora, la forma en que enfoquemos el establecernos ese tipo de metas que son genuinamente nuestras y para nosotros, es otro asunto algo complicado en sí mismo. Pero es algo que podemos aprender a hacer bien pensándolo cuidadosamente y ayudándonos de lo que han escrito psicólogos al respecto.

Aquí voy a dar una indicación del enfoque sencillo que yo he tomado y que me ha funcionado.

Ponte metas pequeñas y agrega nuevas periódicamente

Establece como resolución para el resto del año ponerte metas; metas con objetivos simples y agrega nuevos periódicamente.

Esa junto con otra fue la meta que me puse a inicios de este 2020. Mis únicas dos resoluciones del año es, la primera, empezar a ponerme metas nuevas para mi crecimiento que no necesariamente estuvieran relacionadas con la universidad o mi trabajo. Mi segunda resolución –y esta fue como una implementación de la primera– es memorizarme un poema por semana.

Metas pequeñas

El principio básico es escoger metas pequeñas. Y hacer que las metas sean lo más concretas posibles para que sean cuantificables. Y que entonces podamos proyectar el tiempo específico que vamos a dedicar a realizarlas. Eso a diferencia de las típicas metas demasiado generales y grandes como “bajar de peso”, “ir más al Gym” o cosas así. Que no son metas que debamos dejar de lado, pero que podemos llegar a ellas eventualmente, pero por medio de cosas más pequeñas y más específicas. (Seguro hay libros aconsejando esto y de forma más extensiva. No los he leído, pero espero en el futuro hacerlo para mejorar.)

Las metas pequeñas son más fáciles de llevar a cabo. Al establecer mi resolución general inicial, la implementé inmediatamente en mi primera meta concreta para el año. Memorizar un poema semanalmente. A la fecha llevo exactamente los 6 poemas memorizados que debería tener por las 6 semanas que ya han pasado de este año. Mi meta fue sencilla, y cumplirla no me ha representado mayor dificultad. Me memorizo lenta pero constantemente uno o dos versos por día cuando me tomo un break largo en la tarde y cuando estoy esperando a que me lleguen a recoger en la universidad de regreso a casa. Esa meta que escogí me ha resultado bastante fácil porque es una que es manejable, es muy concreta, y se trata de hacer algo que me apasiona profundamente. Tener grabados mis versos favoritos en la mente y poder recitarlos en cualquier a mi antojo para obtener inspiración de ellos. Al momento sigo motivado e incluso más motivado aún porque he confirmado que es algo que puedo hacer y me trae una inmensa alegría. También me emociona la idea de que al final del año voy a tener memorizados 52 poemas diferentes, ¡¿cuán cool es eso?!

Agrega metas nuevas periódicamente

Un segundo principio (y este seguro otros también lo estarán aconsejando) es, ya que las metas son pequeñas pero constantes, ir añadiendo progresivamente metas adicionales para enriquecer nuestro crecimiento y avanzar a metas mayores.

En mi caso he decidido agregar metas, del tipo de memorizar poemas, que pueda cuantificar y proyectar en tiempos específicos, cada mes.

Habiendo ya asentado en mi rutina la meta sobre los poemas en enero, en febrero me propuse escribir entradas para mi blog diariamente. Al momento –ejecutando esa meta por dos semanas ya– lo estoy disfrutando absolutamente y te refiero a la pestaña de “Blog” en esta página para ver los resultados. De nuevo, esta meta está siendo para mí fácil de manejar, fácil de evaluar si la he cumplido, porque se trata de una publicación al día –y de la misma forma que mi meta para enero– me proporciona un profundo valor y profunda satisfacción.

Un crecimiento potenciado

Algo importante de establecernos metas así es que cumplirlas potencia nuestro crecimiento para nuevos proyectos. Los objetivos iniciales que cumplimos alimentan nuestra motivación y confianza para emprender más y mayores objetivos. Mi proyecto sobre escritura diaria para mi blog es uno que demanda más de mí. Pero fue haber cumplido exitosamente esa meta para enero –y otros objetivos menores como escribir tareas para mis cursos, leer mucho, etc.– lo que me dio la motivación y la confianza para aspirar a metas más ambiciosas. Y de la misma forma, este proyecto en febrero me va a alimentar con más motivación, confianza, y proporcionarme masivo aprendizaje, que para marzo podré perseguir aún mayores objetivos.

Ponernos metas no tiene que ser tan difícil para nosotros. El principio es que sean metas pequeñas, cuantificables, y lo suficientemente concretas como para proyectar el tiempo específico en que vamos a ejecutarlas.

El crecimiento es acción

Empieza con cualquier cosa. En el pasado me he puesto metas como –y son objetivos que aún mantengo– levantarme de lunes a viernes a las 5:00 am, no pasar un sólo día sin escuchar un sólo podcast, leer un artículo, o ver un vídeo de YouTube que me enseñe algo que no sabía antes, leer cada mes una pieza de literatura. Los objetivos deben ser cosas que te gusten y que te interesen. Y si no hay algo que puedas decir que te guste o que te interese, salta a la acción y experimenta con cualquier cosa.

Haz cualquier cosa que te llame la atención que no necesariamente esté relacionada con la universidad o el trabajo. Tómate un momento a evaluar lo que obtuviste de esas actividades. Pregúntate por qué te gustaron o por qué no te gustaron.

Sal al mundo a explorarlo y a participar en lo que pasa en él; o quédate en casa o en la universidad investigando y descubriendo. El principio es involucrase en el mundo y mantener tu mente activa. Busca actividad. La pasividad es estancamiento. El crecimiento es un proceso de movimiento constante.

Cuando encuentres cosas que te gusten y te interesen, ponte metas alcanzables para cultivarlas. Y pon en marcha tu crecimiento.