Alex Epstein sobre florecimiento durante una disrupción masiva

Todos estamos siendo afectados por la medida de distanciamiento social universal que los gobiernos nos están obligando a obedecer. Esta es una disrupción masiva al curso normal de nuestra vida en muchas formas.

En su programa de hoy de The Human Flourishing Project, Alex Epstein aborda la cuestión de qué formas de pensar y actuar podemos adoptar en la búsqueda de florecimiento humano durante una disrupción masiva como la actual que estamos viviendo a causa del COVID-19.

Hay quienes disputamos que si las medidas que los gobiernos están tomando para tratar de lidiar con esta pandemia es buena y apropiada. Y como lo presenta Alex en su programa de hoy, independientemente de la realidad de ello, la situación actual causada por esta pandemia mundial es definitivamente mala, indeseable.

Pero cuando se trata de lidiar con esta disrupción tan grande a nuestras vidas, primero debemos reconocer que es una situación mala, pero podemos tomar una perspectiva con una mentalidad de crecimiento y darnos cuenta de que esta disrupción puede ser una oportunidad para aprender de esta situación. Las dudas personales que tenemos sobre nuestra capacidad de lidiar con esta crisis y darnos oportunidades para aprender y crecer psicológicamente con ese aprendizaje.

Y esa es la pregunta que Alex aborda hoy:

¿Cuáles son las ventajas de una disrupción? Escucha el programa completo en el que Alex explora en detalle esta pregunta:

Mantenerse alejado de la trampa del deber

Estoy cerca de cumplir mi meta de escribir en mi blog diariamente por un mes completo. Y una de las cosas por las que me siento una sensación de realización con este ejercicio es que he logrado el no caer en la trampa del deber.

Aquí estoy usando el concepto del deber con el significado más popular que ha tenido, que es un significado filosófico. Como lo define Ayn Rand, el “deber” es “la necesidad moral de realizar ciertas acciones sin otro motivo que la obediencia a alguna autoridad superior, sin tener en cuenta ningún objetivo personal, motivación, deseo o interés”.

Ahora, generalmente, y especialmente los jóvenes, cuando tenemos ciertas metas a las que llegar, o cierta cantidad de trabajo que realizar, la mayoría de veces es porque son deberes que de alguna forma nos corresponde cumplir. Frecuentemente es también el caso de que nosotros mismos nos imponemos deberes para ciertas metas que nos proponemos. Incluso cuando son metas que parecen ser buenas para nosotros podemos tomar el enfoque del deber en proponernos metas que alcanzar. Y así nos torturamos; porque no estamos seguros en realidad de la razón precisa por la que nos proponemos hacer algo. Y el resultado de nuestro trabajo no nos satisface más allá del hecho que obedecimos y cumplimos (sin importar los resultados) ese deber de una realidad trascendente.

Cuando me propuse esta meta, consideré la posibilidad de que escribir cada día se iba a tornar en un deber para mí. Creía que eso podía ser posible porque tal vez no iba a tener la motivación suficiente, o no iba a tener un tema sobre el que valiera la pena escribir y escribir cosas que al final no me ayudaran y no me dieran la satisfacción profunda que yo busco en todo lo que hago. Pero justamente en cuanto a eso, mi meta fue poner mi mejor esfuerzo y en tener claridad de mis objetivos para que este ejercicio que empezaba no se tornara en un deber.

Al escribir cada día, durante el proceso de escribir, empezando por identificar un tema sobre el cual escribir nunca sentí que lo estuviera haciendo sólo porque sí. Al ver el resultado e identificar la lección, los takeaways y las preguntas que me surgían de cada post que escribía podía identificar el valor importante que el haber escrito cada post individual me daba.

Hoy podría regresar a cualquier post que hice y fascinarme a mí mismo por los insights que plasmaba en mi cartulina virtual. Y rastrea lo que me llevó a escribirlo, los aprendizajes que derivé del post, las preguntas que me estaba haciendo, las que me surgen ahora de él, y una inmensidad de nuevas vías para desarrollar sobre lo que escribí. Como ejemplo, habiendo recomendado ciertos podcasts, discutir episodios individuales para animar más exploración del podcast. O ir a mis ensayos sobre los sueños y sobre las metas, y discutir los temas más amplios que están involucrados en esos consejos concretos que daba.

Estoy feliz de que cada uno de mis posts ha salido y permanece como un valor egoísta mío como un bloque más en mi crecimiento personal y en mi aprendizaje y estudios.

Esto refuerza mi convicción de que (y esto es algo sobre lo que seguiré escribiendo y recomendando recursos) en vez de la tortura, la dependencia y la docilidad que actuar de acuerdo con el deber inculca en nosotros; los valores y la acción guiada aun propósito son los elementos básicos que conforman nuestra felicidad.

Metas basadas en esos valores y propósito son lo que conforma y potencia nuestro crecimiento.

¡Feliz acción orientada a valores!

Revisando el 2020: que tu meta sea *ponerte metas*

Es mitad de febrero. ¿Cómo vas con tus resoluciones para el 2020?

Esa debe ser una pregunta difícil de responder para algunos, o muchos tal vez. Siendo ya mediados del segundo mes del año ya deberíamos tener una idea de si hemos logrado mantener y avanzar esas resoluciones que nos hicimos al inicio de año o no.

Si tu respuesta a la pregunta te trae más desencanto que alegría por tu progreso hacia esas metas, considera mi sugerencia en este artículo para revisar nuestras resoluciones para resto del año.

Resolución: ponerte metas

Esto puede sonar casi absurdo de reiterar, pues el punto de establecer resoluciones de año nuevo es precisamente establecer metas para lograr en ese año. Pero si lo pensamos, en realidad el tipo de resoluciones que nos solemos proponer es más bien una lista de deseos que esperamos que de alguna forma se materialicen en nosotros. Pero no son metas realmente que sean plausibles y que sean verdaderamente para nuestro crecimiento. A continuación, veremos punto por punto

Escoge metas genuinamente tuyas

Podíamos decir que siempre tenemos metas operando con nuestras acciones y decisiones en la vida. Metas como graduarnos de la universidad, mejorar nuestra relación con familiares, o esas que tenemos como parte de nuestro trabajo. Pero la mayoría de metas que solemos tener son más bien cosas que hacemos basadas en deber o que simplemente hacemos por inercia, porque es lo que se supone que deberíamos hacer a nuestra edad, porque es lo que nuestros padres nos dicen, o porque es lo que todos hacen. Pero siendo deberes, cosas que sólo hacemos “porque sí”, no son en realidad el tipo de metas que nosotros hemos escogido por razones que son auténticamente nuestras, que salieron de nosotros. Y por lo tanto no nos dan el tipo de satisfacción que metas que genuinamente nosotros escogemos para nosotros nos dan. Eso es así especialmente si nuestro deber es terminar la universidad, en una carrera que no es la que en realidad queríamos o que elegimos porque era la menos peor opción; o si nuestro deber es mejorar relaciones familiares, con familiares que no en realidad nos caen bien.

El tipo de metas que realmente necesitamos tener son metas que nosotros escojamos porque genuinamente nos van a traer más felicidad a nosotros. Y que escogemos porque encontramos las razones para ponérnoslas dentro de nosotros. Y que son deberes que aceptamos para complacer a otros, que hacemos porque es lo que se supone que deberíamos estar haciendo porque siempre ha sido así y todos lo hacen así.

Ahora, la forma en que enfoquemos el establecernos ese tipo de metas que son genuinamente nuestras y para nosotros, es otro asunto algo complicado en sí mismo. Pero es algo que podemos aprender a hacer bien pensándolo cuidadosamente y ayudándonos de lo que han escrito psicólogos al respecto.

Aquí voy a dar una indicación del enfoque sencillo que yo he tomado y que me ha funcionado.

Ponte metas pequeñas y agrega nuevas periódicamente

Establece como resolución para el resto del año ponerte metas; metas con objetivos simples y agrega nuevos periódicamente.

Esa junto con otra fue la meta que me puse a inicios de este 2020. Mis únicas dos resoluciones del año es, la primera, empezar a ponerme metas nuevas para mi crecimiento que no necesariamente estuvieran relacionadas con la universidad o mi trabajo. Mi segunda resolución –y esta fue como una implementación de la primera– es memorizarme un poema por semana.

Metas pequeñas

El principio básico es escoger metas pequeñas. Y hacer que las metas sean lo más concretas posibles para que sean cuantificables. Y que entonces podamos proyectar el tiempo específico que vamos a dedicar a realizarlas. Eso a diferencia de las típicas metas demasiado generales y grandes como “bajar de peso”, “ir más al Gym” o cosas así. Que no son metas que debamos dejar de lado, pero que podemos llegar a ellas eventualmente, pero por medio de cosas más pequeñas y más específicas. (Seguro hay libros aconsejando esto y de forma más extensiva. No los he leído, pero espero en el futuro hacerlo para mejorar.)

Las metas pequeñas son más fáciles de llevar a cabo. Al establecer mi resolución general inicial, la implementé inmediatamente en mi primera meta concreta para el año. Memorizar un poema semanalmente. A la fecha llevo exactamente los 6 poemas memorizados que debería tener por las 6 semanas que ya han pasado de este año. Mi meta fue sencilla, y cumplirla no me ha representado mayor dificultad. Me memorizo lenta pero constantemente uno o dos versos por día cuando me tomo un break largo en la tarde y cuando estoy esperando a que me lleguen a recoger en la universidad de regreso a casa. Esa meta que escogí me ha resultado bastante fácil porque es una que es manejable, es muy concreta, y se trata de hacer algo que me apasiona profundamente. Tener grabados mis versos favoritos en la mente y poder recitarlos en cualquier a mi antojo para obtener inspiración de ellos. Al momento sigo motivado e incluso más motivado aún porque he confirmado que es algo que puedo hacer y me trae una inmensa alegría. También me emociona la idea de que al final del año voy a tener memorizados 52 poemas diferentes, ¡¿cuán cool es eso?!

Agrega metas nuevas periódicamente

Un segundo principio (y este seguro otros también lo estarán aconsejando) es, ya que las metas son pequeñas pero constantes, ir añadiendo progresivamente metas adicionales para enriquecer nuestro crecimiento y avanzar a metas mayores.

En mi caso he decidido agregar metas, del tipo de memorizar poemas, que pueda cuantificar y proyectar en tiempos específicos, cada mes.

Habiendo ya asentado en mi rutina la meta sobre los poemas en enero, en febrero me propuse escribir entradas para mi blog diariamente. Al momento –ejecutando esa meta por dos semanas ya– lo estoy disfrutando absolutamente y te refiero a la pestaña de “Blog” en esta página para ver los resultados. De nuevo, esta meta está siendo para mí fácil de manejar, fácil de evaluar si la he cumplido, porque se trata de una publicación al día –y de la misma forma que mi meta para enero– me proporciona un profundo valor y profunda satisfacción.

Un crecimiento potenciado

Algo importante de establecernos metas así es que cumplirlas potencia nuestro crecimiento para nuevos proyectos. Los objetivos iniciales que cumplimos alimentan nuestra motivación y confianza para emprender más y mayores objetivos. Mi proyecto sobre escritura diaria para mi blog es uno que demanda más de mí. Pero fue haber cumplido exitosamente esa meta para enero –y otros objetivos menores como escribir tareas para mis cursos, leer mucho, etc.– lo que me dio la motivación y la confianza para aspirar a metas más ambiciosas. Y de la misma forma, este proyecto en febrero me va a alimentar con más motivación, confianza, y proporcionarme masivo aprendizaje, que para marzo podré perseguir aún mayores objetivos.

Ponernos metas no tiene que ser tan difícil para nosotros. El principio es que sean metas pequeñas, cuantificables, y lo suficientemente concretas como para proyectar el tiempo específico en que vamos a ejecutarlas.

El crecimiento es acción

Empieza con cualquier cosa. En el pasado me he puesto metas como –y son objetivos que aún mantengo– levantarme de lunes a viernes a las 5:00 am, no pasar un sólo día sin escuchar un sólo podcast, leer un artículo, o ver un vídeo de YouTube que me enseñe algo que no sabía antes, leer cada mes una pieza de literatura. Los objetivos deben ser cosas que te gusten y que te interesen. Y si no hay algo que puedas decir que te guste o que te interese, salta a la acción y experimenta con cualquier cosa.

Haz cualquier cosa que te llame la atención que no necesariamente esté relacionada con la universidad o el trabajo. Tómate un momento a evaluar lo que obtuviste de esas actividades. Pregúntate por qué te gustaron o por qué no te gustaron.

Sal al mundo a explorarlo y a participar en lo que pasa en él; o quédate en casa o en la universidad investigando y descubriendo. El principio es involucrase en el mundo y mantener tu mente activa. Busca actividad. La pasividad es estancamiento. El crecimiento es un proceso de movimiento constante.

Cuando encuentres cosas que te gusten y te interesen, ponte metas alcanzables para cultivarlas. Y pon en marcha tu crecimiento.

El problema que más quiero resolver

“The problem I most want to solve” es el título del primer episodio del podcast The Human Flourishing Project del filósofo Alex Epstein. Ese es el episodio que me inspira a escribir mi propia formulación de un problema que yo he experimentado en mi vida, y que actualmente tengo la fortuna de encontrar lo que pienso que son principios generales para formular el problema para mí mismo. Ese es un problema el cual en la medida en que encontremos formas de resolverlo, muchos efectos positivos resultarán en los principales ámbitos de la vida humana, si nos esforzamos en enfrentarlo. Y ese es el problema que más me inquieta, y que más me fascina en el mundo.

El problema es que en el mundo carecemos de programas educativos que entrenen a los individuos a vivir vidas florecientes como seres humanos.

¿A qué problema nos enfrentamos aquí, en concreto? Iré por partes.

Como lo explica Alex en el primer episodio de su podcast, ‘florecimiento’ viene de ‘flor’, y para una flor, como para cualquier ser vivo, florecer es la vida en su condición óptima. Y lo óptimo es alcanzar a realizar su mayor potencial. La vida es finita y es un proceso que el ser viviente debe mantener por medio de acción constante. Así que el florecimiento es el éxito constante en el proceso de un organismo de mantenerse en ese estado óptimo de vida, alcanzar a realizar su mayor potencial.

Educación —como la define el filósofo Leonard Peikoff— “es la instrucción sistemática de los jóvenes para desarrollar en ellos los poderes necesarios para la vida madura”. Un programa educativo es una integración de elementos y actividades para entrenar sistemáticamente a individuos en cierto poder en un ámbito de la realidad. Diferentes programas educativos a través del tiempo van a ser necesarios para entrenar a los jóvenes en los poderes que les van a permitir florecer en la vida eficazmente.

Pero una flor no necesita entrenarse en los poderes que le van a permitir crecer y llegar a extender sus pétalos y alcanzar y mantenerse en ese punto de vida óptimo, ya los tiene automáticamente y sólo necesita las condiciones ambientales favorables para que florezca, y esas son condiciones que ella no tiene el poder de cambiar. Para un animal, el florecimiento es un estado que puede alcanzar, dadas las condiciones y dados sus poderes automatizados que tiene según la especie de animal que es, y el desarrollo de los poderes que sus padres le transmiten mediante un mecanismo que ellos tienen —de forma igualmente automatizada— para criarlos, mecanismo el cuál ellos no pueden modificar, y que sólo puede cambiar dependiendo de las condiciones y de las cosas que les ocurren en sus vidas.

En cambio, para un ser humano el florecimiento no es automático; no resulta exclusivamente de las condiciones en las que vive; por el contrario, él debe modificar esas condiciones según sus propios fines. Y debe también desarrollar las facultades que por naturaleza le son posibles en los poderes que le permitan con eficacia alcanzar y mantener el estado en el que obtiene sus valores exitosamente de manera integral, en lo material y lo espiritual, añadiendo constantemente para un estado de creciente vitalidad en el largo plazo. El ser humano necesita ese tipo de desarrollo, y una educación desarrolla en él los poderes que le permiten alcanzar el florecimiento que, para los seres humanos, como lo define Alex Epstein, “el florecimiento es un estado integrado de éxito; éxito material y éxito espiritual”.

Como Alex lo observa en su brillante pieza, nunca en la historia de la humanidad ha habido tanta riqueza, tecnología y diversidad de actividades productivas para mejorar nuestra vida en esta tierra, nunca el ideal del florecimiento se ha visto más realizable como hoy. Aun así, el florecimiento no es la forma en la que la mayoría de personas caracterizarían su vida, desde una perspectiva de largo plazo y tomando en cuenta los aspectos más importantes de las complejas vidas de los seres humanos. Con las noticias diarias, y nuestra experiencia de primera mano todos los días con todo tipo de gente, no es necesario listar los problemas que aquejan a las personas aquí y en el resto del mundo y que les previenen de florecer. También muchas son las causas que podemos encontrar a esos problemas. Pero una causa frecuentemente señalada, y que en efecto encontramos cierta para explicar esos problemas, es la educación; la falta de ella, o la mala calidad de la misma, en todas las etapas de los estudiantes.

Y las explicaciones a los problemas en educación, y las demandas que se exigen a aquellos que las personas ven como los encargados de proveerla son incesantes y extensamente variados, en tipo, como en profundidad del problema planteado, y de la demanda hecha. ¿Cómo identificamos los problemas de raíz? Y ¿cuáles son los estándares por los que vamos a determinar qué demandas hacer, o más bien, para diseñar para nosotros los programas educativos que eduquen a los productores, los artistas, los científicos y los líderes del futuro? En efecto, si encontramos que esos problemas de educación yacen en lo profundo de las problemáticas que sospechamos que lo hacen, muchos efectos positivos resultarán en los principales ámbitos de la vida humana, si nos esforzamos por resolverlo.

Pero lo primero será identificar como mejor podamos el problema.

El florecimiento no es como un trofeo que conseguimos, o un punto estático que alcanzamos después de seguir una serie de pasos; el florecimiento es un proceso incesante de actualizar nuestras potencialidades como individuos, y de experimentar eficacia hasta casi llegar a relajación cuando nos dedicamos a las actividades para alcanzar nuestros valores que derivan en este estado. En mi propia experiencia, mis sospechas de que las instituciones educativas a mi alrededor podrían estar haciendo mucho mejor su trabajo, se basan en lo que he observado, estando ya en mi cuarto semestre de universidad. Y lo que observo todos los días que vengo a la universidad en los estudiantes de otras carreras y de la mía, es bastante alejado a lo que uno pensaría que sería un proceso de aprendizaje floreciente. Ese tipo de aprendizaje en el que los estudiantes sienten un ímpetu por buscar cada vez más entender el mundo a través de la ciencia, por estar alerta a encontrar una nueva conexión entre lo que se aprende, y por embarcarse en proyectos sean pequeños o ya más grandes por aplicar en el mundo real el conocimiento o el entrenamiento por el que han pagado por recibir en cierta institución.

Concedo que quizá ese no sea el escenario en cada hora del aprendizaje, considerando que el nivel de conocimiento que uno va a aprender en la universidad se supone debe ser bastante alto, y la magnitud de los problemas, igual o más grandes aún, y por lo tanto habrá momentos de desafío, de dificultad y de prueba y error. Pero si nuestro estándar es el florecimiento, profesores y padres de familia concordarán conmigo con que es un avistamiento raro el ver a un estudiante inmerso en el aprendizaje en la escuela con un sentido de propósito que lo mueve cada día a cumplir con las lecturas asignadas, completar los proyectos para ejercitar su conocimiento con su mejor esfuerzo, y llevar preguntas juiciosas a sus discusiones entre pares, sesiones de preguntas con el profesor, o indagaciones online. El florecimiento no es exclusivo de la vida y actividad productiva de los adultos, más bien, debería ser el constante de la vida humana en cada una de sus etapas y manifestándose en cada aspecto y actividad de su existencia, y lo que debería ser la regla entre las personas a nuestro alrededor.

Pero desafortunadamente, en muchos estudiantes con quienes he interactuado y veo todos los días, el constante es un sentido de deber en cuanto a lo que los mueve a ir a clases, completar las lecturas y hacer las tareas; en consecuencia, una sensación de tortura y estrés como su estado mental operativo en sus actividades de estudiantes; lo que se refleja en una actitud cínica hacia la vida y hacia posibles proyectos más grandes y hacia valores espirituales más profundos; y como resultado un desempeño conformista. Todo esto se ve reflejado en el vocabulario que usan, sus publicaciones burlescas y autocompasivas en las redes sociales.

Ese tipo de estudiantes no solo existen en las universidades, y la mayoría de veces, su actitud no se origina ahí, sino antes en el colegio o por diversas otras causas. Pero pienso que sin importar el trasfondo de un estudiante que ingresa a la universidad, un programa educativo diseñado para aumentar su eficacia como ser humano, puede ofrecerle una experiencia de aprendizaje que le permita encontrar motivación en conocer el mundo y aplicar su facultad racional a resolver problemas, y tener y perseguir una visión sobre lo mejor que su vida puede llegar a ser.

Existen generalizadas sospechas sobre la calidad de nuestras instituciones educativas y sobre el compromiso que tienen por educar a sus estudiantes para desarrollar en ellos los poderes necesarios para alcanzar el florecimiento. La simple tarea de observar de cerca la actitud hacia la vida de los estudiantes nos revela que algo está mal, o que algo en definitiva podría mejorar sobre los programas educativos a los que se someten. Aquí he hablado más sobre la experiencia como estudiante, y lo que yo he observado siendo uno, pero si analizáramos la experiencia de los individuos graduados que salen a enfrentar la vida real, encontraremos incluso más cosas sobre qué sospechar en cuanto al desempeño de las escuelas en cumplir su misión —o lo que debería ser su misión—, y quizá encontremos bases mismas para cuestionar incluso la necesidad misma de inscribirnos a estos programas.

Vivimos en la mejor época de la historia en que pudimos haber nacido. El desarrollo de nuestra capacidad de modificar la naturaleza para servir nuestros fines nos permite disfrutar beneficios que apenas hace cien años eran inimaginables. Tenemos los recursos y conocimiento que, si lo adquirimos y lo usamos bien, nos podría llevar al florecimiento que muchos de nosotros buscamos. Pero nuestras instituciones educativas no parecen ser capaces de ofrecernos los programas educativos que entrenen a los jóvenes a vivir vidas florecientes como seres humanos y aprovechar el legado de riqueza, conocimiento e inmensas posibilidades que seres humanos que han vivido antes de nosotros nos han dejado en esta tierra.

¿Cuál es el problema central que estas instituciones ignoran al diseñar sus programas? ¿Cuáles son los estándares específicos que deben guiar nuestra búsqueda de programas educativos para el florecimiento humano? ¿Cuál es la ciencia que va a informar los desarrollos necesarios en pedagogía, la psicología, la antropología, la neurociencia, la filosofía? ¿Es realmente necesario, y siquiera admisible que tantos estudiantes universitarios deban experimentar sus programas como una tortura necesaria para pasar a la siguiente etapa de su vida? ¿Cuál es el debate entre los métodos de enseñanza por clases magistrales y diálogo socrático, y cuál es el mejor? ¿Si la pedagogía Montessori es la apropiada para los infantes, cuál es la pedagogía apropiada para educar a los mismos niños cuando dejen pasen a su siguiente etapa? ¿Cuál puede ser una descripción de cómo luce un estudiante floreciendo como estudiante, y cómo es en cada nivel? ¿Debemos tomar por sentado que los elementos que ahora forman parte de los programas educativos, los exámenes por término, las calificaciones, las tareas en casa, las clases magistrales, etc. son realmente necesarias para esos programas? ¿Qué es aprendizaje? ¿Cuáles son los poderes que son más esencialmente necesarios para la vida madura del ser humano?

Soy estudiante de Filosofía y Educación, y mi intención en este blog es documentar y compartir mi aprendizaje sobre qué es educación con el fin de abordar el problema de que en el mundo carecemos de programas educativos que entrenen a los jóvenes a vivir vidas florecientes como seres humanos. Mi lista de preguntas es mucho más larga, pero estaré compartiendo aquí mis reflexiones y aprendizajes sobre este tema. Si te interesa este problema, te invito a regresar a mi blog para que compartamos en los comentarios, y de siguientes blogs, aprendizajes y reflexiones sobre este crucial tema, y buscar soluciones sobre las que podamos trabajar en el largo plazo.