Aprendizaje y preguntas

Estaba reflexionando hoy sobre lo importante que es para mí no dejar de avanzar con mis cursos ahora que muchas actividades de la gente están paralizadas y las clases presenciales se cancelaron.

En eso me puse a pensar sobre lo que un conocido mío que estudia en el EPRI me decía antes de que todo esto pasara sobre lo poco motivado que estaba por la universidad y sobre cuánto deseaba que le cancelaran sus clases de ese día.

El mismo tipo de comentarios puede uno escuchar todos los días de estudiantes de la universidad, el campus y en redes sociales.

Cuando sucedió lo de la orden de Estado de calamidad todos celebraban que cancelaban momentáneamente las clases y que iban a dejar de ir a la universidad.

Todo eso refleja mucho del enfoque con el que en las universidades educan a los jóvenes.

Cuando hablaba con ese conocido, y escuchando tantos otros comentarios similares, yo me pregunto, ¿cómo pueden ellos desear no tener esas clases y saltárselas gratuitamente, de la nada?

En mi caso, a mí nunca se me ocurriría la idea de no tener una clase. Para mí eso significaría perder una pieza importante del contenido que me va a ayudar a responder la pregunta que me estoy haciendo en ese curso. Y para mí la pregunta y el curso son de crucial importancia para mí carrera. Cada nueva clase es una exploración de esa pregunta que me inquieta que quiero resolver y la cual que estoy tratando de responder en ese curso.

Yo pienso que una parte de lo que diferencia el enfoque de mis cursos en el MPC con los de otras carreras es esa. En el MPC yo me hago preguntas que son bloques que construyen hacia el conocimiento y habilidades que necesito para mi carrera.

En cambio en otras facultades los cursos son vistos como una porción más que memorizarse y que responder en el examen sin una visión de cómo ello es un bloque integral en la construcción de la carrera de uno.

Éste último es un punto que implica temas más amplios dentro de la filosofía de la educación que ya discutiré más adelante.

Pero esta es una observación que me pareció interesante y a la que volveré para estudiar temas más amplios e importantes.

Diarios para apreciación y aprendizaje

He estado pensando en cómo escribir diariamente sobre lo que tengo y sobre las reflexiones que tengo durante el día.

Es como tener un diario de lo que aprendo para reforzar mi aprendizaje y mi apreciación del mismo.

Entonces he pensado también sobre cómo hacer lo mismo enfocado en áreas más específicas de mis actividades en la vida.

El otro día me compré un Igo de fresa y banano en GoGreen. Mientras me lo comía –y estaba muy bueno– lo disfrutaba y pensaba en otras cosas que he comprado durante la semana y cómo esas cosas las he disfrutado o me han sido útiles. Pensaba en la belleza del comercio y en el hecho de que cualquier cosa que me propongo lograr, siempre va a haber personas allá afuera que están produciendo lo que voy a necesitar para alcanzar esos medios. Mi comida, útiles, libros, transporte, todo tipo de cosas. La gente que me rodea está allí para producirlo todo y dispuesta a que lo intercambiemos, yo dándoles lo que quieren y ellos dándome lo que yo quiero. Y el hecho de que cada transacción forma parte de los medios que me van a conducir a cumplir mis objetivos. ¿No es eso algo profunda y fundamentalmente bello?

Y todo lo que eso conlleva. La belleza del intercambio y la satisfacción de obtener cualquier cosa que yo juzgue necesaria para alcanzar mis objetivos gracias al mismo.

Cuando me relaciono comercialmente con otros seres humanos no puedo evitar sentir una profunda sensación de benevolencia; tanto hacia la persona con quien estoy comerciando, como al resto de mi vida en esta tierra.

Tal vez no empiece ahora a hacer un diario de mis transacciones. Pero ciertamente e salgo que voy a hacer cuando tenga hijos con ellos, o cuando esté enseñando sobre economía como un ejercicio para apreciar el valor del comercio.