Ejercicios de “accountability”

Esta semana hice una sesión con amigos para realizar juntos una sesión de “accountability” en la que escribimos y compartimos sobre nuestros avances en distintas áreas de nuestra vida personal y productiva.

Hacer este tipo de ejercicios pero con la compañía de más personas me dio un “boost” de motivación y de energía para hacerlos yo también.

El impacto de ejercicios así es diferente de acuerdo con el área en el que uno lo aplique. Nosotros lo aplicamos en áreas como nuestro sentido de gratitud, de propósito, de mentalidad de crecimiento, y orientación hacia metas. Mucho de lo que se trata es del aprendizaje que tenemos, de ser conscientes y explícitos sobre ello por medio de medir lo que avanzamos, y de ser intencionales con nuestras acciones y reflexiones.

Pero un aspecto fundamental al que eso contribuye es al aprendizaje.

Y eso em hace preguntar, ¿en qué otras áreas de nuestra vida podemos aprovechar esta herramienta? ¿Por qué no es algo que hacen con más intención y seriedad en lugares en los que tanto se necesita como en los colegios y universidades? ¿Cómo podemos crear sistemas para mejorar nuestras prácticas de “accountability” en conjunto con más personas?

Esas son preguntas que ahora quiero explorar más. Claro, aquí no he ido mucho en detalle. Pero es algo que apenas estoy empezando, y conforme vaya practicándolo más y experimentándolo voy a tener más claridad sobre el tema y compartirlo más.

El progreso es aprendizaje, y tiene un origen del que frecuentemente nos olvidamos — #Reflexión

Hoy, a partir de un intercambio de mensajes con una amiga, hice unas conexiones que antes no tenía explícitas y que me me llevaron a una fascinante reflexión. Aquí voy a hablar de una de ellas, sobre el progreso como aprendizaje y su origen, del que frecuentemente nos olvidamos; o ni siquiera hemos reconocido. Una aclaración importante

Constantemente a partir de las noticias en Guatemala surgen debates en torno a cuales son las mejores formas de abordar los problemas económicos, ambientales, de educación, y de todo tipo de ámbitos de nuestra vida en sociedad. Frecuentemente el debate se centra en quiénes deberían encargarse de ello; que si la iniciativa privada puede solucionar mejor los problemas, o el gobierno por medio de los funcionarios, u otras veces se mencionan “alianzas público-privadas”.

Por todos lados la gente usa el concepto de “desarrollo” para referirse al proceso de encontrar soluciones a las soluciones con las que nos enfrentamos. Parece que el estándar para juzgar los proyectos del gobierno o el sector privado que ampliamente se acepta es el estándar de “lo que promueve el desarrollo”.

Una forma más específica de referirnos a ese concepto podría ser “progreso”, ya que “desarrollo” siempre puede ser hacia un avance, o un retroceso.

Pero la conexión que hice hoy en mi mente es que el progreso humano es, esencialmente, aprendizaje humano.

Hay progreso a medida que los seres humanos aprendemos a hacer las cosas mejor que lo hacíamos antes. No hay avance si seguimos haciendo las mismas cosas (un principio del que ampliamente se habla), pero no podemos hacer cosas diferentes si no aprendemos a cómo hacerlas, y no sólo a hacerlas diferente, sino hacerlas aun mejor.

Pero quienes aprenden no son las sociedades, las ciudades o los países. Los que aprenden son los individuos. Un colectivo no piensa, porque no hay un cerebro colectivo; de la misma forma que no realizamos digestión colectiva, porque no hay un estómago colectivo (usando la analogía de Rand). Así que un colectivo tampoco aprende. Sólo una persona individual con un cerebro propio piensa, y sólo tal persona aprende.

Por lo tanto, sólo los individuos aprenden y son los agentes de progreso. Pero, evidentemente, tú que estas leyendo esto, no creaste por ti mismo el dispositivo con el que estás leyendo esto. Seguramente no creaste nada de lo que te rodea en este momento. Lo que sí hiciste (o tus papás hicieron) es producir el valor necesario para intercambiar todas las cosas que utilizas con otras personas que sí las crearon. La cooperación es una necesidad absoluta para nuestra vida en sociedad. Pero, de nuevo, una sociedad, una compañía, una fábrica no posee manos colectivas, ni ojos colectivos, ni nada que sea colectivo (en este sentido del término). Toda capacidad de producir y de colaborar pertenece a individuos. Y cuando unimos nuestros esfuerzos para colaborar, lo que podemos aprender se potencia, y lo que podemos progresar se dispara, y eso no se compara con lo que una sola persona podría hacer en aislamiento.

Así que esto es algo importante que tenemos que tomar en cuenta a la hora de discutir sobre las soluciones a los problemas a los que nos enfrentamos en todos los ámbitos de la sociedad. Que todo desarrollo, todo progreso, depende del aprendizaje de los individuos singulares que forman parte de esa agrupación que llamamos “sociedad”.

Y lo que nos corresponde, entonces, después de reconocer este hecho, es preguntarnos, ¿Cómo podemos hacer para que el aprendizaje del que depende el progreso, de hecho se realice? ¿Cómo podemos propiciar ese aprendizaje individual? ¿Cómo lo hacemos en las escuelas, en las compañías, en el entramado regulatorio, en el ambiente institucional, y en la cultura en general?

La calidad de vida de cada guatemalteco y nuestro progreso en todos los ámbitos, al final, encontramos que depende directamente del aprendizaje individual que realiza cada persona usando su propia mente. ¿Cómo podemos respetar y propiciar ese aprendizaje? ¿Cómo reconocemos mejor y respetamos ese motor sagrado de la vida que es la mente humana individual?


Aclaración: Seguramente otros ya han pensado sobre esto mucho más profundamente y en más detalle antes de mí. Así que no alego, desde ninguna perspectiva que estas ideas sean originales mías. No me he puesto a investigar las ideas idénticas que otro hayan pensado, pero la presente reflexión es con el propósito de reforzar mi propio aprendizaje y ejercitar mi pensamiento, al mismo tiempo que compartirlo. Regresar al inicio

Short reflection upon finishing «Towards a Comprehensive Theory of Human Learning» by Peter Jarvis

Towards a Comprehensive Theory of Human LearningTowards a Comprehensive Theory of Human Learning by Peter Jarvis
My rating: 3 of 5 stars

A very interesting book with a fascinating subject under its inquiry. Lots of fascinating questions about the nature of learning and its role in human life.

Jarvis presents an overview of major works of research done by previous theorists of learning and aims at integrating them including research of his own into a broad framework towards a theory of learning.

The author is deeply concerned with the philosophical dimension of the investigation and the human, personal experience of the life of the learner. He is also very much concerned with the psychological aspect of learning, formulating important questions arising from the research he has done in adult learning.

However, a major weakness in the investigation he undertakes is the overlooking of a crucial aspect of human learning, and human life, more broadly, which is the role of the integrating, conceptual mind in all of the learning human beings do in their experience and interaction with the world.

For me, this was a very worthy read. Peter Jarvis raises important questions for our understanding of human learning and points out important aspects to be inquired on. For example, the role of emotions in the learning experience of the individual and the importance of individuality and authenticity and the role culture plays in the ways the individuals, that take part in it, learn.

As my mentor on ‘What is Education’ puts it, Jarvis is a “curator of a conversation” that has taken place in the exploration into the nature of human learning and the perennial importance learning has in human life, and how our understanding of it can improve the way we learn and create ourselves through our learning.

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Aprendizaje y preguntas

Estaba reflexionando hoy sobre lo importante que es para mí no dejar de avanzar con mis cursos ahora que muchas actividades de la gente están paralizadas y las clases presenciales se cancelaron.

En eso me puse a pensar sobre lo que un conocido mío que estudia en el EPRI me decía antes de que todo esto pasara sobre lo poco motivado que estaba por la universidad y sobre cuánto deseaba que le cancelaran sus clases de ese día.

El mismo tipo de comentarios puede uno escuchar todos los días de estudiantes de la universidad, el campus y en redes sociales.

Cuando sucedió lo de la orden de Estado de calamidad todos celebraban que cancelaban momentáneamente las clases y que iban a dejar de ir a la universidad.

Todo eso refleja mucho del enfoque con el que en las universidades educan a los jóvenes.

Cuando hablaba con ese conocido, y escuchando tantos otros comentarios similares, yo me pregunto, ¿cómo pueden ellos desear no tener esas clases y saltárselas gratuitamente, de la nada?

En mi caso, a mí nunca se me ocurriría la idea de no tener una clase. Para mí eso significaría perder una pieza importante del contenido que me va a ayudar a responder la pregunta que me estoy haciendo en ese curso. Y para mí la pregunta y el curso son de crucial importancia para mí carrera. Cada nueva clase es una exploración de esa pregunta que me inquieta que quiero resolver y la cual que estoy tratando de responder en ese curso.

Yo pienso que una parte de lo que diferencia el enfoque de mis cursos en el MPC con los de otras carreras es esa. En el MPC yo me hago preguntas que son bloques que construyen hacia el conocimiento y habilidades que necesito para mi carrera.

En cambio en otras facultades los cursos son vistos como una porción más que memorizarse y que responder en el examen sin una visión de cómo ello es un bloque integral en la construcción de la carrera de uno.

Éste último es un punto que implica temas más amplios dentro de la filosofía de la educación que ya discutiré más adelante.

Pero esta es una observación que me pareció interesante y a la que volveré para estudiar temas más amplios e importantes.

Diarios para apreciación y aprendizaje

He estado pensando en cómo escribir diariamente sobre lo que tengo y sobre las reflexiones que tengo durante el día.

Es como tener un diario de lo que aprendo para reforzar mi aprendizaje y mi apreciación del mismo.

Entonces he pensado también sobre cómo hacer lo mismo enfocado en áreas más específicas de mis actividades en la vida.

El otro día me compré un Igo de fresa y banano en GoGreen. Mientras me lo comía –y estaba muy bueno– lo disfrutaba y pensaba en otras cosas que he comprado durante la semana y cómo esas cosas las he disfrutado o me han sido útiles. Pensaba en la belleza del comercio y en el hecho de que cualquier cosa que me propongo lograr, siempre va a haber personas allá afuera que están produciendo lo que voy a necesitar para alcanzar esos medios. Mi comida, útiles, libros, transporte, todo tipo de cosas. La gente que me rodea está allí para producirlo todo y dispuesta a que lo intercambiemos, yo dándoles lo que quieren y ellos dándome lo que yo quiero. Y el hecho de que cada transacción forma parte de los medios que me van a conducir a cumplir mis objetivos. ¿No es eso algo profunda y fundamentalmente bello?

Y todo lo que eso conlleva. La belleza del intercambio y la satisfacción de obtener cualquier cosa que yo juzgue necesaria para alcanzar mis objetivos gracias al mismo.

Cuando me relaciono comercialmente con otros seres humanos no puedo evitar sentir una profunda sensación de benevolencia; tanto hacia la persona con quien estoy comerciando, como al resto de mi vida en esta tierra.

Tal vez no empiece ahora a hacer un diario de mis transacciones. Pero ciertamente e salgo que voy a hacer cuando tenga hijos con ellos, o cuando esté enseñando sobre economía como un ejercicio para apreciar el valor del comercio.