Diarios para apreciación y aprendizaje

He estado pensando en cómo escribir diariamente sobre lo que tengo y sobre las reflexiones que tengo durante el día.

Es como tener un diario de lo que aprendo para reforzar mi aprendizaje y mi apreciación del mismo.

Entonces he pensado también sobre cómo hacer lo mismo enfocado en áreas más específicas de mis actividades en la vida.

El otro día me compré un Igo de fresa y banano en GoGreen. Mientras me lo comía –y estaba muy bueno– lo disfrutaba y pensaba en otras cosas que he comprado durante la semana y cómo esas cosas las he disfrutado o me han sido útiles. Pensaba en la belleza del comercio y en el hecho de que cualquier cosa que me propongo lograr, siempre va a haber personas allá afuera que están produciendo lo que voy a necesitar para alcanzar esos medios. Mi comida, útiles, libros, transporte, todo tipo de cosas. La gente que me rodea está allí para producirlo todo y dispuesta a que lo intercambiemos, yo dándoles lo que quieren y ellos dándome lo que yo quiero. Y el hecho de que cada transacción forma parte de los medios que me van a conducir a cumplir mis objetivos. ¿No es eso algo profunda y fundamentalmente bello?

Y todo lo que eso conlleva. La belleza del intercambio y la satisfacción de obtener cualquier cosa que yo juzgue necesaria para alcanzar mis objetivos gracias al mismo.

Cuando me relaciono comercialmente con otros seres humanos no puedo evitar sentir una profunda sensación de benevolencia; tanto hacia la persona con quien estoy comerciando, como al resto de mi vida en esta tierra.

Tal vez no empiece ahora a hacer un diario de mis transacciones. Pero ciertamente e salgo que voy a hacer cuando tenga hijos con ellos, o cuando esté enseñando sobre economía como un ejercicio para apreciar el valor del comercio.

#TB a Hip Hop dance

Hoy, después de muchos años, volví a tener una sesión completa de bailar Hip Hop.

Recuerdo que mi primer acercamiento al Hip Hop fue al empezar la secundaria; a mis doce años, más o menos. En primero básico, unos de mis nuevos compañeros de clase se juntaban en las tardes a bailar Break dance; que es un estilo dentro de la familia del Hip Hop. Durante la primaria la escuela me aburría. Y cuando estaba empezando esa nueva etapa, no esperando mucho de la escuela, cuando conocí a estos nuevos compañeros de clase inmediatamente me llamó la atención que se estaban divirtiendo practicando esta nueva forma de baile.

Entonces me empecé a acercar y a hacerme amigo de ellos. Eventualmente empecé a unirme a sus reuniones en las tardes para aprender «headspins», «windmills», «backflips», «freezes», «topworks», «toprocks» y todo tipo de movimientos y trucos que conformaban una sesión de Break dance. Todos nos divertíamos mucho. Cada día yo salía con un pretexto nuevo para pedirle permiso a mi mamá para salir en la tarde. Salía con pretextos porque mi mamá nunca me dejaría juntarme con esos niños que a ella no le agradaban para ir a bailar un baile de la calle.

Las clases, siendo terriblemente aburridas y en lo absoluto inspiradoras, perdían mi interés en favor de esas reuniones en las tardes para ir a bailar Break dance; así fue como reprobé primero básico. 🙂

Con ese pasatiempo mío empecé a hacer amigos con quienes compartía intereses y actividades que me traían alegría. En un mundo en el que hacía todo lo que mis papás quería que hicieran, que actuara como me decían en la escuela dominical que actuara, y en el que encontraba pocas cosas o amigos a mi alrededor que me inspiraran y me acompañaran en aventuras, el Break dance fue mi oportunidad de ‘hacer con mi cuerpo lo que quisiera’. Con esa danza usaba energías que tenía que estaban esperando ser liberadas.

Con el tiempo, preocupándome más porque este pasatiempo mío afectaba mis resultados en la escuela, fui dejándolo. Aunque nunca lo dejé por completo, a veces iba a visitar a mis amigos y pasar un tiempo con ellos practicando algunas cosas.

Algo que definitivamente no dejé fue la música. Los «breakbeats» se convirtieron en el primer género de música que me llamó la atención. Ese es el nombre que le dábamos a la música con la que bailábamos. Que son pistas principalmente basadas en Funk y que frecuentemente se acercaban al Soul, R&B, DnB y a veces a la Salsa. Mi gusto por el Soul, el Funk, el R&B y el Drum n’ Bass quedó. Hasta la fecha lo sigo escuchando y me sigue recordando mis tiempos de breakdancer. Esta es una playlist de mis pistas favoritas.

Hoy, mi buena amiga del MPC Valeria Rosito, quien se está especializando en danza me invitó a su clase de Hip Hop. Fue una experiencia rejuvenecedora y muy alegre.

La última vez que bailé un poco de Hip Hop fue en mi último «MPCafé» del MPC. Y algunos movimientos nunca se me han olvidado y a veces los hago sólo por diversión. Pero esta fue una sesión completa en la que bailamos un poco de «House» que es una de las bases de para los estilos de baile de Hip Hop.

Los participantes de la clase la pasamos muy bien. La clase tomó lugar en Arte Proyecto, Fontabella, zona 10. En donde nuestra instructora, Carmen Oliva nos dirigió por unos minutos de calentamiento, y después por unas lecciones de pasos individuales, uno por uno para después darlos juntos y bailar una rutina corta que los integraba todos.

La instructora nos explicaba cómo se hacían los pasos y nos enseñaba cómo esos pasos conformaban la rutina y cómo lo que hacíamos era Hip Hop. Definitivamente volvería a tomar clases de Hip Hop con ella.

Así que mi experiencia de hoy fue muy satisfactoria y me recordó a los tiempos en los que usaba todas mis energías controlando mi cuerpo siguiendo el ritmo de la música en expresiones de alegría y de re-afirmación de mi capacidad de controlar mi cuerpo deliberadamente para mi disfrute y felicidad.

¡Gracias Valeria Rosito y Carmen Oliva por recordarme de todo eso hoy!


Foto después de la clase:

¿Qué esperamos de una educación superior?

Esta semana hablé con dos amigas mías de la universidad que están en su último año en diferentes carreras.

Una de ellas decía que estaba esperando que el semestre terminara y finalmente cerrara el pensum de la carrera. Mi otra amiga decía que se le habían terminado las ganas de hacer las tareas que le dejaban en la universidad. Cuando a esta última le preguntaba por qué, no tenía una explicación de por qué ya no tenía ganas de hacer las tareas.

Esto me hizo preguntarme el por qué, si ellas ya no estaban motivadas por seguir haciendo las actividades de su carrera, ¿cómo se sentían estando en esa posición, casi estancada?, y ¿cuál era el estado de su motivación respecto a otros aspectos de la vida, aparte de la universidad? y más aún, para las personas que están en la misma posición –y tristemente sí que hay muchas más– ¿qué esperan de una educación superior si no es el aburrimiento y desmotivación con la que llegan en su etapa final?

A mí esta situación generalizada entre los estudiantes en etapas finales de su «educación superior» me inquieta. Yo veo en estas amigas un brillante potencial de florecer en sus carreras. Pero si las carreras que han escogido en la universidad las llevan a esta situación de desmotivación, ¿no está la universidad atrofiando todo ese potencial que tienen? o ¿simplemente personas como ellas han hecho una mala elección al inscribirse a esas carreras? La cuestión es que, por lo menos en el caso de mis amigas, ellas tomaron la decisión que ellas consideraron como la mejor decisión. ¿Qué es lo que personas como ellas esperaban de una educación superior? ¿Qué se debería esperar de una?

Reto para febrero cumplido ✅

Febrero terminó.

Y estoy orgulloso de decir que he cumplido el reto que me puse en el 1 de febrero: publicar una entrada de blog cada día del mes.

Me siento absolutamente feliz de que pude cumplir este desafío que me propuse para el segundo mes de 2020.

Ya me hacía falta el impulsarme a hacer algo como esto.

Las lecciones, nuevas ideas y reflexiones que me dejaron estos 29 días de escribir diariamente sin fallar y sobre temas que genuinamente me apasionan son incontables. En la siguiente semana estaré escribiendo sobre todo ello.

Con esta prueba que me puse a mí mismo, ya lo decidí, para marzo voy a seguir con esta meta, aunque esta vez voy a publicar sólo los días laborales. Esta ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Y estoy muy emocionado por el crecimiento que el hábito de escribir diariamente me ha significado y que me seguirá dando.


Explora el índice de mis artículos publicados aquí hasta ahora:

Mantenerse alejado de la trampa del deber

Estoy cerca de cumplir mi meta de escribir en mi blog diariamente por un mes completo. Y una de las cosas por las que me siento una sensación de realización con este ejercicio es que he logrado el no caer en la trampa del deber.

Aquí estoy usando el concepto del deber con el significado más popular que ha tenido, que es un significado filosófico. Como lo define Ayn Rand, el “deber” es «la necesidad moral de realizar ciertas acciones sin otro motivo que la obediencia a alguna autoridad superior, sin tener en cuenta ningún objetivo personal, motivación, deseo o interés».

Ahora, generalmente, y especialmente los jóvenes, cuando tenemos ciertas metas a las que llegar, o cierta cantidad de trabajo que realizar, la mayoría de veces es porque son deberes que de alguna forma nos corresponde cumplir. Frecuentemente es también el caso de que nosotros mismos nos imponemos deberes para ciertas metas que nos proponemos. Incluso cuando son metas que parecen ser buenas para nosotros podemos tomar el enfoque del deber en proponernos metas que alcanzar. Y así nos torturamos; porque no estamos seguros en realidad de la razón precisa por la que nos proponemos hacer algo. Y el resultado de nuestro trabajo no nos satisface más allá del hecho que obedecimos y cumplimos (sin importar los resultados) ese deber de una realidad trascendente.

Cuando me propuse esta meta, consideré la posibilidad de que escribir cada día se iba a tornar en un deber para mí. Creía que eso podía ser posible porque tal vez no iba a tener la motivación suficiente, o no iba a tener un tema sobre el que valiera la pena escribir y escribir cosas que al final no me ayudaran y no me dieran la satisfacción profunda que yo busco en todo lo que hago. Pero justamente en cuanto a eso, mi meta fue poner mi mejor esfuerzo y en tener claridad de mis objetivos para que este ejercicio que empezaba no se tornara en un deber.

Al escribir cada día, durante el proceso de escribir, empezando por identificar un tema sobre el cual escribir nunca sentí que lo estuviera haciendo sólo porque sí. Al ver el resultado e identificar la lección, los takeaways y las preguntas que me surgían de cada post que escribía podía identificar el valor importante que el haber escrito cada post individual me daba.

Hoy podría regresar a cualquier post que hice y fascinarme a mí mismo por los insights que plasmaba en mi cartulina virtual. Y rastrea lo que me llevó a escribirlo, los aprendizajes que derivé del post, las preguntas que me estaba haciendo, las que me surgen ahora de él, y una inmensidad de nuevas vías para desarrollar sobre lo que escribí. Como ejemplo, habiendo recomendado ciertos podcasts, discutir episodios individuales para animar más exploración del podcast. O ir a mis ensayos sobre los sueños y sobre las metas, y discutir los temas más amplios que están involucrados en esos consejos concretos que daba.

Estoy feliz de que cada uno de mis posts ha salido y permanece como un valor egoísta mío como un bloque más en mi crecimiento personal y en mi aprendizaje y estudios.

Esto refuerza mi convicción de que (y esto es algo sobre lo que seguiré escribiendo y recomendando recursos) en vez de la tortura, la dependencia y la docilidad que actuar de acuerdo con el deber inculca en nosotros; los valores y la acción guiada aun propósito son los elementos básicos que conforman nuestra felicidad.

Metas basadas en esos valores y propósito son lo que conforma y potencia nuestro crecimiento.

¡Feliz acción orientada a valores!

¿Avanzaremos hacia la libertad?

Ayer supimos quiénes van a estar en el poder ejecutivo los siguientes años.
Muchos se preguntan qué pasará con el país en el largo plazo.
En palabras de Leonard Peikoff, «la respuesta depende en la juventud del país y de las instituciones que la educa. El mejor indicador de nuestro gobierno mañana son nuestras escuelas hoy».
«¿Están nuestros jóvenes siendo educados para ser libres, independientes, y ser hombres y mujeres pensantes? ¿O están siendo convertidos en peones impotentes y que no piensan, y que van a correr a los brazos del primer dictador que les suena plausible?». (Esto lo dijo Peikoff en una conferencia que dio en 1984, «The American School: Why Johnny Can’t Think», pero esto también aplica a Guatemala).

El problema de la educación es un problema del que Manuel Ayau Cordón se dio cuenta, y entonces fundó la Universidad Francisco Marroquin junto con otros intelectuales y empresarios preocupados por un futuro en el que los guatemaltecos sean más libres y responsables. Hoy la Universidad Francisco Marroquín cumple 48 años.

Lo que me preocupa es cómo podemos avanzar hacia un país de individuos más libres y responsables, si los movimientos y discusiones más grandes aquí se centran en términos de quiénes van a tener el poder y van a gobernar por los siguientes cuatro años.
Manuel Ayau, un verdadero héroe y visionario se dio cuenta de la verdadera batalla por una Guatemala más apta para la vida humana. La batalla es en las universidades y en las escuelas del país, en las mentes de los individuos que van a dirigir el rumbo del país en el futuro.

Yo celebro el aniversario de la UFM, pero estoy ansioso por ver y contribuir en que aquí en particular, y que en Guatemala en general se luche por que los estudiantes sean independientes, busquen su felicidad, y que trabajen por un sistema político en el que esa felicidad sea posible.