Ganando enfoque

Photo by Paul Skorupskas on Unsplash

Una de las principales lecciones que he aprendido en los últimos meses es lo importante que es el enfoque en todo lo que hacemos. El enfoque es la acción básica de nuestra consciencia para tratar con la realidad. Y eso es tanto para percibir y pensar sobre la realidad como para actuar en ella. Es un estado activo dirigido a un objetivo de nuestra mente.

Como lo entiendo, enfoque, en el ámbito de la acción, para un individuo o una institución, significa elegir un objetivo claramente definido, y delimitarlo bien a las actividades esenciales que va a requerir alcanzarlo y eliminar sin excepción lo que no es esencial para alcanzar ese objetivo. Es el principio por el que Steve Jobs eliminó el 70% de los productos que Apple estaba produciendo cuando volvió a la compañía en 1997 para construir el enfoque en «Crear tecnología bella que las personas aman usar». Y también el principio por el que Michael Jordan hacía tres sesiones de entrenamiento al día con el objetivo de «mejorar en la cancha».

Steve Jobs decía que enfoque significa decir «no». Como también lo explica Alex Epstein, decir «no» a las cosas que no son esenciales para nuestro objetivo es decir «sí» a las cosas que sí son esenciales para nuestro objetivo. Debo admitir que hasta hace unos meses yo tenía algo de miedo a la idea de empezarle a decir «no» a las cosas que no encajaban exactamente con la visión de mi carrera que tengo para los próximos años.

Pero eso empezó a cambiar hace unos meses. Este año reinicié por un par de meses las actividades de El Nuevo Intelectual (ENI) (una comunidad de discusión de arte y filosofía). Pero después de un tiempo me di cuenta de que necesitaba repensar mi estrategia para generar el impacto que quería lograr con esas actividades, que sí veía como alineado con mi propósito más general, pero que no estaba seguro que iba a ser esencial para avanzarlo. Así que puse las actividades de ENI en pausa. Y es el mismo punto al que he llegado con mis funciones en el Ayn Rand Center Latin America (ARCLA), sólo que con una decisión más definitiva.

Mi trabajo en el ARCLA es un trabajo muy importante para mí y estoy muy orgulloso por las cosas que logramos como parte del equipo. Pero he llegado a la etapa en la que necesito reunir mis recursos y mis energías para invertirlas en las actividades esenciales para el propósito por el que quiero trabajar, el problema que más quiero resolver.

Esta semana estoy finalizando mi período de transición para dejar de forma definitiva mi posición permanente como coordinador de proyectos ya en agosto. Es una sensación algo agridulce la que siento de tomar esta decisión, pero es una que cada vez crecía como la decisión obvia y natural que tomar para mí frente a las nuevas oportunidades y avances que esto haciendo en mi carrera productiva orientada hacia mi propósito.

Así que estoy feliz de dar este paso y a entrar de lleno al nuevo y último semestre de universidad y a lanzar mi carrera como constructor e implementador de programas de aprendizaje en los que los estudiantes cultivan poderes y hábitos mentales para vivir una vida floreciente.

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Por qué estoy empezando una newsletter semanal

Mi propósito para esta newsletter es, en lo más general, compartir lo más significativo de mi aprendizaje para inspirar y acompañar a otros en el suyo.

¿Cómo planeo hacerlo?

Cada domingo estaré compartiendo sobre cómo y por qué estoy guiando a estudiantes a inspirarse y a reflexionar con grandes obras de literatura, los aprendizajes más significativos que gano en mi propio aprendizaje y desarrollo de carrera, y recomendaciones de contenido que me fascina y que espero pueda alimentar la curiosidad de quienes me leen.

Como ya sabes, ya tengo mis primeros programas educativos en marcha y aquí también quiero compartirte sobre lo que estoy aprendiendo en el proceso de creación de estos programas desde la perspectiva pedagógica, literaria-estética, filosófica y de negocios. También te mantendré al tanto de las ofertas para participar en estas experiencias de aprendizaje cuando las hayan.

A mí me gusta definirme como un «pursuer of learning» (usando el término de Michael Oakeshott). Alguien que está constantemente buscando experiencias para expandir las capacidades y hábitos humanos que nos conducen a una vida floreciente, especialmente aquellos que tienen que ver con la mente. Así que espera mis reflexiones sobre cómo estoy buscando y manteniendo ese aprendizaje constante y mis recomendaciones de contenido en podcasts, videos, artículos o libros que pueden alimentar y expandir nuestro aprendizaje y curiosidad por la vida y el universo.

Este es un proyecto que planeo llevar por por lo menos 52 semanas, un año. Estoy emocionado por seguir explorando y compartiendo todo este aprendizaje fascinante y que expande nuestras vidas. ¿Me acompañas?

Cuidado con el hilo mágico

Esta semana empecé mi primera tutoría de literatura para niños leyendo y discutiendo con mi estudiante, un fascinado y sonriente niño de diez años, una de mis historias para niños favoritas. Después de una sesión de prueba exitosa con él hace dos semanas, en esta segunda oportunidad que tuvimos para explorar literatura juntos, lo encontré con más confianza buscar respuestas a preguntas difíciles, fascinándose por nuevas reflexiones sobre la vida, y genuinamente interesado por relacionarlas con su propia vida y acciones. Tuvimos una discusión que fue fascinante para ambos y que dio a él una perspectiva nueva sobre sus acciones y la forma en la que pasa su tiempo. En este artículo contaré sobre esa experiencia para ilustrar una de las formas en las que la literatura tiene el poder de iluminar nuestras acciones y actitudes a nosotros mismos para vivir una vida más intencional y de significado.

Nuestras clases empiezan con él eligiendo qué historia leer dentro de un número limitado de opciones que le presento. Esta vez, él eligió una historia anónima francesa llamada «El hilo mágico». La historia cuenta la vida de un niño «fuerte y capaz» pero impaciente e inquieto llamado Peter. Un día, a él le ofrecen una bola de hilo mágico con el que puede hacer pasar horas como si fueran segundos con un tirón del hilo. Sin dudarlo, Peter lo acepta y empieza a usarlo cada vez que se enfrenta a situaciones incómodas o difíciles y para saltarse años completos para evitar la espera de etapas avanzadas de su vida. En sus años de vejez abandonado por sus hijos y debilitándose cada vez más, se lamenta que su vida pasó tan rápido y sin haber vivido los tiempos buenos ni malos.

Con preguntas cuidadosamente formuladas que no daban lugar a respuestas de «sí» y «no», sino más bien preguntas abiertas tratando ideas para su nivel, mi estudiante se enfrentó al reto de pensar sobre las consecuencias de las acciones de Peter, sobre el significado de esos sucesos para la trama, y sobre situaciones similares por las que él mismo ha pasado en su vida.

Uno de mis momentos favoritos de la clase fue la discusión que tuvimos sobre cómo nosotros podemos también caer en el error de Peter de evadir o de apagar nuestra mente ante incomodidad o en tiempo que podríamos usar para vivir la vida al máximo. A continuación la recuento.

La discusión surgió con él al encontrar una contradicción entre sus acciones y su pensamiento cuando llegó a la implicación de una de las ideas importantes de la historia que había entendido.

Al terminar de leer la historia, yo le pregunté si él recibiría la bola de hilo como Peter lo hizo. Su respuesta fue una respuesta firme de que él no la recibiría. No la recibiría, me explicaba el, porque con la compañía de personas cercanas, los tiempos tristes se pueden superar, y porque «¡¿quién se salta sus cumpleaños?!» «¡Qué fea vida!» juzga él que sería una vida en la que nos saltemos esos tiempos buenos y malos.

Tratando de dirigir su atención a cómo la situación de Peter puede ser relevante para su propia experiencia de la vida, yo le pregunté: ¿piensas tú que hay formas en las que nosotros podríamos estar teniendo la actitud de Peter aún no teniendo el hilo mágico? ¿Has pasado alguna vez el tiempo distrayéndote e ignorando lo que pasa a tu alrededor? A lo que me respondió «uuh, muchas veces». «¿En qué momentos te ha pasado eso?», proseguí yo, buscando construir más con el entendimiento que estaba ganando. «Cuando estoy en la tablet y pasa volando el tiempo.» En este punto yo le sugerí que la tablet funcionaba como su propio hilo mágico, una conexión que yo no tenía idea de que iba a surgir y que nunca se me había ocurrido antes. A lo que él asintió estando de acuerdo. En ese momento le recordé la conclusión a la que habíamos llegado sobre lo fea e indeseable que sería una vida como la de Peter usando el hilo mágico. Una vida que me dijo que él «no, no, no, no, no, no, no, no, no» querría vivir. Entonces yo le cuestioné: «esa no es una vida que tú querrías vivir. Tú no aceptarías el hilo mágico. Pero, ¿la tablet es un hilo mágico? Tú me dijiste que lo es.» Después de unos balbuceos y unos segundos de silencio, levantó su mirada hacia la mía y susurró, en asombro, «me explotaste la mente». A lo que siguió, explicando, «O sea, no quiero el hilo de la tablet pero mi hilo… mi hilo… es la tablet, y yo no quiero el hilo…. Eso significa que… [con una voz de asombro] ¡yo no aceptaría la tablet!» Después de unas expresiones de alarma y de sorpresa, anunció la otra implicación, «¡Eso significa que a mí sí me gusta el hilo mágico!» [y más expresiones de asombro]. A partir de ahí discutimos formas en las que nosotros podíamos usar menos las cosas que funcionan como nuestro hilo mágico y que nos impiden vivir vidas de actividad, de aprendizaje y de búsqueda de valores. Acordamos que la próxima vez que nos viéramos, nos contaríamos las veces en las que usamos el hilo mágico, pero con el fin de acudir cada vez menos a tirar del hilo disfrutar y aprovechar al máximo nuestro tiempo de vida.

Este es el poder de la literatura en acción. La historia de Peter le dio a mi estudiante una nueva perspectiva por la cual examinar sus acciones y la forma en la que pasa su tiempo. Lo despierta a una realidad en la que cada minuto de nuestro tiempo es valioso y que no debemos desperdiciar en distracciones que nos anestesian del dolor que nos empuja a crecer o de la alegría que viene de la actividad de lograr y aprender, todo lo cual llena de significado nuestra vida y la hace digna de vivirse.

Después de nuestra clase, tanto mi estudiante como yo, queremos dejar de tirar del hilo mágico y empujar nuestro cuerpo y nuestra mente a la actividad de explorar, aprender y vivir.

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